-Disculpa –interrumpieron después de un momento. Ella pegó un brinco y al alzar la mirada se sonrojó al encontrarse con uno de los chicos más guapos del salón.
-¿Yo? Ah, que tonta, sí, yo. ¿Pasa algo? –pudo articular.
-¡Oye! ¡Mauricio! ¡Aquí hay asiento! –exclamó un joven con todo el espíritu mientras dos chicas, muy bonitas y bien arregladas, sonreían y saludaban.
Marialma las vio y bajó la cabeza. Ella estaba vestida con un simple jean, unas botas y un polo gris. Tenía maquillaje pero apenas y no había acomodado su cabello. Era muy delgada a comparación de aquellas castañas.
-¿Está ocupado aquí? –preguntó Mauricio. Ella alzó la cabeza con sorpresa, él entonces quitó sus lentes de sol (afuera hacía un verano insoportable) y sonrió-. Mis compañeros hacen demasiado ruido y para las matemáticas no soy bueno, quiero aprobar el curso, ésta es mi segunda vez.
-Oh…
“Vamos, di algo más inteligente”, pensó.
-Esta es mi primera vez, estoy nerviosa también.
“¡Eso no fue nada inteligente”, se dijo con desesperación mientras sus mejillas se coloreaban. Mauricio sonrió mientras se sentaba y estiró la mano.
-Soy Mauricio Rondón, un gusto –se presentó con soltura.
-¡Eres una traidor! –exclamaron sus amigos mientras las jóvenes viraban los ojos. Él no se inmutó, se encogió de hombros.
-Soy Marialma –susurró ella y aceptó el gesto del chico.
-Hey, tienes bonito nombre, me gusta, no lo escucho con frecuencia. ¿Qué edad tienes?
-24 ¿y tú?
-Vaya… me ganaste, tengo 23, pero cumplo 24 en Julio así que pronto te alcanzaré –rió.
-Tú pareces mayor…
-Es porque no me gusta ser tan jovial, mi padre dice que así no es un líder. Idioteces.
Ella sonrió y no supo que más decir, iba a preguntarle si iba a su misma carrera cuando el profesor ingresó con mucha energía.
Ella prestó atención, pero de rato en rato giraba a verlo y cuando él volteaba, ella agachaba la cabeza o tosía para disimular; en una de esas lanzó su lapicero para hacerlo más casual. Marialma no supo que el joven de al lado también hizo lo mismo un par de veces.
-Entonces ¿entendieron? –preguntó el profesor al finalizar la materia. Todos dijeron un sí al unísono, menos Mauricio cuya negativa fue escuchada sólo por una divertida Marialma.
-No te preocupes –dijo ella-. Puedo explicarte, se me dan muy bien los números.
-¡¿Realmente lo harías?!
-Claro, tengo un poco de paciencia.
-¡Genial!
Ella sonrió con timidez. Se sentía feliz y no tenía idea de por qué, no sabía si era por el hecho de haber logrado tener un amigo o porque uno de los chicos más guapos le había hecho el habla.
Marialma no lo sabía pero el joven no iba a su carrera, mientras ella buscaba su sueño de convertirse en la mejor informática del medio, él se luchaba la vida por aprender de negocios.
-Es una fea, de patas largas como las de una gallina –se burló una de las chicas, amiga de Mauricio-. No sé qué fue a hacer el muy idiota para sentarse por ahí.
-Necesidad –respondió Lorena-. ¿Entendiste la clase?
-Obviamente ni que fuese una bruta.
Y ambas rieron.
-Entonces ¿te veo la otra clase, amiga de matemática? –preguntó Mauricio.
Marialma asintió.
-Sí, prometo no ignorarte –dijo con más soltura mientras reían.
-¡Oh, no me voy sin tu número! Lo guardo y te agrego al Facebook.
-¿De verdad?
-¿Qué?
Ella negó rápidamente y le dio sus datos. Él era muy guapo, tez clara, ojos celestes, cabello corto y usaba un poco de barba, eso le daba un aspecto mayor. Con ella no había utilizado palabras soeces, era muy educado para la popularidad con la que contaba, en una clase se había hecho amigo de los cuatro que le rodeaban con una facilidad única.
Suspiró, ella sabía que esa clase de chicos estaba fuera de su alcance.
-Bueno, entonces nos vemos… mmm ¡Marialma, la chica del nombre bonito!
Ella se volvió a sonrojar.
-Nos vemos, Mauricio, el chico de las matemáticas.
Y no sabía en qué terminaría, pero Mauricio había captado su atención y muchísimo. Se quedó mirado cómo se unía a sus amigos y, cuando los perdió de vista, arregló sus cosas para irse. Al final su primer día no había sido tan malo, tenía un amigo. Con una sonrisa en sus labios dejó el salón sin despedirse del profesor.
-Esa chica es muy despistada –comentó éste a los pocos que quedaban-. Dejó su calculadora… ¿Alguien se la puede dar?
-¡Yo! –casi gritó una joven, él se sorprendió por la efusividad y se la quedó mirando.
-¿Y el interés…?
Ella rió.
-Es que me interesa conocer un poco más de su historia.
-Ajá ¿y eso, errrr… Anghelí? –preguntó recordando su nombre y todas sus participaciones.
Anghelí sonrió mientras tomaba la calculadora.
-Digamos que uno no sabe qué amor secreto guarda el silencio hasta que el corazón no puede más y tiene necesidad de ser revelado. Rebelde que es.
Me gusto mucho (:
ResponderEliminarwow! yo solo venia a comentarte que ya estas afiliada a mi blog y me llevo una sonrisa por la linda historia que nos has presentado, me gusto mucho! dudo que algo asi me pasara pero que linda ilusion c: sobretodo ahora que estoy a punto de comenzar en una nueva escuela y estoy nerviosa jajaja c:
ResponderEliminarSaludos :3